En Reynosa, la presidenta aseguró que “nunca va a haber divorcio entre pueblo y Gobierno”; sin embargo, durante su visita también recibió reclamos de familias que buscan a sus desaparecidos y exigen respuestas a las instituciones
Reynosa, Tamaulipas.— La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo llegó este viernes a Reynosa con un mensaje político conocido: su gobierno, afirmó, no se alejará de la ciudadanía y “nunca va a haber divorcio entre pueblo y Gobierno”.

Durante el acto de entrega de Viviendas para el Bienestar, acompañada por el gobernador Américo Villarreal Anaya y autoridades estatales y municipales, la mandataria sostuvo que uno de los principales cambios de su administración es que ahora se gobierna para la población y no para unos cuantos.
“Antes se gobernaba para unos cuantos y ahora orgullosamente somos gobiernos del pueblo, por el pueblo y para el pueblo de México”, afirmó.
La frase resume buena parte del discurso político de la llamada Cuarta Transformación, pero en Reynosa adquirió un significado particular: mientras en el escenario presidencial se hablaba de cercanía, bienestar y resultados, afuera de la narrativa oficial también aparecieron ciudadanos con demandas que todavía esperan respuesta institucional.
La otra cara del “pueblo”
Durante la llegada de la presidenta a Reynosa, integrantes del colectivo Amor por los Desaparecidos entregaron a Sheinbaum un pliego petitorio para pedir su intervención ante los obstáculos que enfrentan en la búsqueda e identificación de personas desaparecidas.
Las buscadoras denunciaron que un centro de identificación humana en Tamaulipas permanece sin operar y solicitaron apoyo federal para reactivar las instalaciones y acelerar los procesos forenses. También pidieron fortalecer las investigaciones ministeriales y los operativos de búsqueda.
El encuentro fue breve. Sheinbaum recibió la documentación y continuó con su agenda.
El contraste resulta inevitable.
Por un lado, la presidenta sostiene que “nunca va a haber divorcio entre pueblo y Gobierno”.
Por otro, un grupo de madres buscadoras llegó hasta su comitiva para pedir que las instituciones vuelvan a funcionar y que las investigaciones avancen.
No se trata de negar los avances de un programa de vivienda. Se trata de recordar que la relación entre gobierno y sociedad no se mide únicamente por las obras que se inauguran o las casas que se entregan, sino también por la capacidad del Estado para responder cuando los ciudadanos enfrentan problemas que no pueden resolver por sí mismos.
La vivienda como bandera
La gira presidencial comenzó precisamente con uno de los programas que el gobierno utiliza como muestra de su política social: Vivienda para el Bienestar.
En Reynosa se entregaron viviendas del desarrollo Puerta Grande, que contempla mil 88 casas. El proyecto forma parte de una política nacional que busca ampliar el acceso a vivienda para trabajadores de menores ingresos.
Sheinbaum defendió el modelo y contrastó la política actual con los esquemas de vivienda de administraciones anteriores, a los que atribuyó corrupción y condiciones crediticias que terminaron convirtiendo los préstamos en deudas impagables.
Es, desde luego, una acción que puede representar un beneficio tangible para las familias que reciben una vivienda.
Pero una política pública no puede evaluarse únicamente desde el escenario donde se entrega.
También debe medirse por sus resultados a largo plazo, por su cobertura, por su calidad y por la capacidad del gobierno para resolver los problemas que permanecen fuera de los reflectores.
“No mentir, no robar y no traicionar”
La presidenta volvió además a reivindicar los principios que, según afirmó, conducen a su administración:
“No mentir, no robar y no traicionar al pueblo de México”.
El planteamiento forma parte de la identidad política de la Cuarta Transformación.
Pero también plantea una obligación para cualquier gobierno: que esos principios puedan ser comprobados en los hechos y no permanezcan únicamente como consignas.
Porque si el gobierno afirma que representa al pueblo, el ciudadano tiene derecho a preguntar.
Tiene derecho a exigir cuentas.
Tiene derecho a cuestionar.
Y tiene derecho a señalar cuando una institución no funciona.
El verdadero significado de “no divorciarse del pueblo”
La frase de Sheinbaum es políticamente poderosa, pero también puede convertirse en una vara para medir a su administración.
Un gobierno cercano al pueblo no solamente entrega viviendas.
También escucha a las madres que buscan a sus hijos.
Atiende a quienes reclaman seguridad.
Responde a quienes enfrentan problemas de agua, salud o infraestructura.
Investiga las denuncias de corrupción.
Y, sobre todo, permite que la sociedad cuestione al poder sin convertir la crítica en una agresión contra el propio pueblo.
La gira de Sheinbaum por Tamaulipas apenas comienza y contempla actividades de vivienda, infraestructura hidráulica y salud en distintos municipios de la entidad.
La presidenta llegó a Reynosa con un mensaje: no habrá divorcio entre pueblo y Gobierno.
Ahora corresponde a la realidad —y a los ciudadanos— determinar qué tan cerca está realmente el Gobierno del pueblo.
Porque la cercanía no se demuestra únicamente desde un templete.
Se demuestra cuando el ciudadano que tiene un problema encuentra a un gobierno dispuesto y capaz de resolverlo.
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